miércoles, 13 de abril de 2011
Mario tiene algunos amigos distribuidos en el mundo. Uno de ellos, Lucio Ávila, un excondiscípulo, nos llevó a pocas cuadras al museo IVAM. En este museo hay siete exposiciones diferentes. Vuelve a impresionarme el trabajo de los maestros del renacimiento que aquí se exponen, sobre todo, la obra de Bondini dota de magia y ese halo mundano a ciertas expectativas que Europa siempre me sugiere. El trabajo de Degas en metalurgia me parece inmpresionante. Intento tomar una foto a una pieza y el policía me dice que no, que las cámaras están prohibidas. Pero en cuanto le contesto su semblante cambia. Me dice que él es guatemalteco. Inmediatamente se establece un diálogo que se prolonga por casi una hora de pie, hablando del continente, de la violencia. De las noticias cotidianas que de un continente a otro varían sólo en los matices. Ha sido guarura en México de un peso pesado pero ahora anda en España porque aquello, era inevitable, lo tuvo que esconder por acá. Me cuenta que acá también tienen sus problemas, principalmente con esta raza inmigrante y que un montón de gente considera un cáncer: los rumanos. Afirma que si bien los rumanos son nefastos, él, que viene de una realidad marera, no les teme, que si se le permitiera haría venir a una centena de asesinos y acaban con el problema en una semana. Hay soluciones drásticas que no se llevan a cabo porque son bombas políticas. Por eso no se hace nada, pero muchas veces las souciones están ahí, para el político que tenga los huevos de hacerlo.
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