jueves, 14 de abril de 2011

Los inquilinos del hostel, en su mayoría son jóvenes. Noche a noche han estado armando una bulla demasiado escandalosa en el bar. Le suben a la música, van y vienen por los pasillos y las escaleras, tiran los tacos de la mesa de billar, beben, se tiran cerveza, gritan, se carcajean, chocan sus envases, tartajean en su idioma, que de tanto tratar de averiguar su procedencia ya a nadie le importa si son alemanes, suecos, moldavos, o marcianos.
Ya al avanzar la madrugada, la algarabía va bajando su intensidad muy pronto, los niños deben irse a dormir. Y entonces surge esta canija necedad de los mexicanos, menos escandalosos pero de carrera más larga. A las siete de la mañana aún están bebiendo en la entrada del hostel y se les ven las ganas de seguirse de largo toda la mañana.

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