lunes, 18 de abril de 2011

De precisiones y emociones

Los españoles son muy precisos. No le dan tantas vueltas a las cosas. Por ejemplo, el día que un profesor estaba en el estrado, le llegaron cantidad de llamadas porque se tenía que ir a otra conferencia y ya estaba retrasado. Mientras guardaba sus cosas y se deshacía en disculpas, en la sala algunos asistentes susurraban ¿Pero por qué no se va y se deja de estas chorradas? Vale, que ya se ha disculpado. Si por allá lo esperan, no tiene más que hacer acá. Y es que este académico es mexicano, luego entonces, sentía esa necesidad de decir y decir sin decidir.
Los españoles que opinaban, lo hacían en la mitad del tiempo que los mexicanos y generalmente con mayor claridad. Alejandra me contó varios casos de profesores que llegaban a dar su cátedra con la clase bien preparada, sus apuntes en media carta, y de una leída ya habían soltado todo lo que tenían que decir, sin divagar y sin datos innecesarios. Elena disfrutaba esas clases. Pero Miguel, el otro español fiel que teníamos, prefería un poco al vago de su profesor, que la mitad de la clase contaba anécdotas divertidas e interesantes para contextualizar su clase.
¿Y por qué digo esto? Porque al sujeto que controla el mostrador del hostel le ofrecí mi libro, y antes de terminar de hablar, me dijo un “NO”. Así, sencillo, sin palabrería. “Es que, así, sin conocerte, no”. Fue duro pero en cierto sentido más honesto. Otros me han soltado todo un discurso de que si no llevan dinero, felicidades pero quizá en otro momento, que les deje mi contacto y seguramente se animarán, me piden les explique casi todo el contenido y me dicen “qué interesante”. Otros rebuscan en los sitios de la ropa donde sería extraño llevar dinero menos en los bolsillos, la cartera o el bolso; sólo para poner de manifiesto que no llevan suelto (Cash, diría Zedillo, ante el artesano aquel).
Total que las palabras nos sobran a nosotros.
Y ya.

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